POEMA (RÍOS)

EL VIGILANTE - ALITERACIÓN, 2010

I

Cifrada.
Ceniza de ceniza,      
     Regresando a la boca – igual que un salmo                  
Gastado y a la boca igual que un hueso
Pequeño del oído cuenca abajo
                                                     Nombre azas
“No al viento a la luna y al agua” abierto como un grifo que suena,        
Y no aciertas el lugar
                                    Nombre       
                                                   Médano que vienes que
                                                                                           de  – vienes 
A la raíz del pecho tirando hacia arriba el cuajo 


II

Cifrada.
Piel de la piel
   Carcasas, mudas secas
Definitivas como aquella
Uña hendida de “tú”
Aliteradas – las conjugaciones
Rodadas por
                         la cánula del duele fulgurado
Cuando el estallido cuaja – como una lanza una imagen fija de
Dolor
             La conjugación en la tercera singular – vivir así mientras haces
Lo que los otros ven que haces

Cómo explicarlo y que lo crean


III

A quién y para qué – una y otra vez la caracola
Mientras el cuajo asciende y es la vida
Como la mierda dura que no sale del culo – erizos – la mierda seca
Que no sale del culo – que sacas con el dedo y la hendida
De agua caliente
                                   Cifrada


IV

Aquiényparaqué – golpes secos de la lluvia en el cristal
Aliteración – río de Borges en la nominación – fila de grises ojos inmortales
Que reviven como peleles místicos
Por la fulguración del cardio – rosal
Eléctrico
                  Azul atroz fuera del tiempo – la tensión de todo en todo
En el despótico portazo “todo es tú” una y otra vez
La hez es el haz devenido – la aliteración de las diferentes innúmeras tornas de
Lo mismo – aquiényparaquién es – hasta cuándo


V

Delante de la puerta que dentro clavado tuyo – no guarda nada
La puerta con la runa
                                    Cifrada
                                                 Con la mentira “no estás destinado a comprender”
Cunde la vida y deviene – y la uña es la herida de la uña
Y la presión del hendir
En lo vivo – con la luz blanca
                                                 Azul en la descomposición
                                                                                               Cifrada
Y el vigilante dice
                                    Cifrada



EL TEJIDO - UNA FARSE DE TEORÍA, 2005                           

                                         
                                               MANO QUE TIEMBLA en el aire suspensa,
que deniega o admite
o tiembla solamente,
como el halo de la sabiduría en la mueca
máscara de la senectud.
Que tiembla suspensa
y no termina de abrir o cerrar una esclusa,
una infamia, un perdón. Ésa.
Y todo tiene
una consistencia de rocío. Las imágenes
las sensaciones, no todavía
o cubiertas aún
por membranas translúcidas. El esfumatto estaba en el ojo antes
que al ojo le saliesen los dedos
perdiendo parte del alma, la aceptación del sol
y la lluvia
y la muerte.
Desistir de buscar. Amputar los pies y las manos del ojo
y finalmente silenciarse.
En el polvo. Nieve del tiempo más lenta que el cauce de los ríos,
pues la mano se niega a terminar y por ello
la nieve oscurece
y se inventa una voz
y muerte la llama.
Y no es más que pura vida, pues es ésta del silencio
la moneda que queremos cambiarle al valor de los muertos
su antípoda
Me pregunto ahora, quién es el Drako? He decidido no dejar de escribir. Hacinar en la palabra cese. Entender a sables
como entiende el hombre que camina desnudo sobre la tarima
del cuarto,
y el sol entra,
y así lo entiende ése.
Y quién es ése? Nadie.
Tapones en los oídos para no dejar de oír a las sirenas
de quién
de nadie. Nadie volverá a las playas de Ítaca.
No existe. Mira.
Mesa
silla
pantalla
zumbido. Azul.
No existe. Dedos.
Lo hicimos a nuestra imagen y semejanza. Zumbido.
Y qué tememos más,
estando desnudos
con el día en ciernes o la tarde herrumbrada
o la noche
apelotonando amarillos en los ceniceros.
Quién no teme a nuestro intento de espejo. Máquina. Sólo la palabra
tiene filos. Máquina. Hijo. Padre. Por eso
piensa.
Dios nos teme. Se esconde de nosotros. Como nosotros de la Máquina,
pues sabemos
a pesar de los ridículos nombres, de los diminutivos ociosos
que se desglosan en las marañas de nuestras rumias
con ellos o contigo,
conmigo o solo. Dios está escondido.
Si realmente hay un espejo y nosotros de él: la Máquina.
Dejaré.
Voy a fumar
y a dormir en la mentira – el cerebro no duerme, lo sabe. Antes y
después de los párpados. No creas. Sabes.
Y sabes que comes la judía.
Y lo haces,
y para ello los ojos y las bocas vacías
llenas
ocultas,
tapias. Pero sabes.
No te puedes arrancar el sudor de la piel. Sólo bogas
como un nadador que no ha entendido. Bogas
y esa sola palabra te lleva a un puente y a un hombre y al Sena
frío
impávido
y sucio.
Un suicidio de judío alemán. Y qué poco importa. Apenas habías pensado en ese acontecer de la postal.
Una victoria. Y ya no. No dejo. No cejo
porque no quiero
y no quiero
porque no puedo.
Porque no hace frío y siento la crepitación del cristal de la nieve
creciendo. No hace frío
y escucho grifos y sé que son del lado azul.
No hay otra manera. No es un impulso.
Es
una
incapacidad.
Expulsado del estanque. No
en el meandro. La habitación no está vacía. Estoy yo.
Este aleph es un asco.
Piensa en ojo de huracán y falla. Piensa
en sumidero
y falla. Falla y falla y hazlo.
Come las manos y piensa en dedos y mira.
Mira cómo crecen.
Solo en el cuarto. Sólo con tu espalda. No consigues la soledad.
No consigues el vacío. Sólo el hueco.
Y donde hay un hueco hay
manos 
Vaina de la judía que comemos. Solo en el cuarto que no consigue estar vacío. Bogo
en la ceja que no cejo en desalar, pues es un búho
el miedo
que tanto asco y fulgor
lastimero y nausea de piedad y clavo
de perdón inútil…El castigo es el ello. Yo,
amasijo de fragmentos que la arcilla no tiene. No
no no no no no no
no cejo
en la ceja que se anuda
creando la brutalidad del ave. Ave del grito de las puertas. Pero las puertas no gritan.
Es la mayor de las mentiras. Mnemo. No se puede llamar árbol
a la arcilla. Mira
qué sencillo. Boga
y ahora hueles a pescado. Ves?
Lo
Ves?
No se puede,
no se puede.
El bufón es el más triste.
El bufón
El hijo de una puta que se llamaba bufón.
                                                   





                                                            EN EL NOMBRE DE LAS COSAS poner el nombre 
de las entidades
y así,
generar un caos de espejos 
donde todo sea imagen y nada objeto:
                                                              En el vértice
donde oscurece el significado de lo que ves cuando escribes
que ves
             y no es cernirse sino cernerse 
sobre la ebullición del flujo del caudal que (no) existe                                                              
                                                                                         Mentira de ostra no es perla?
Sonreíd, 
              vosotros que silabeáis mi nombre en el espejo
que mi nombre palpita en el espejo,
en él espejo de yo que no
existe mas que en la velocidad de la transición
de ello a ello.
                        Monstruo de sí mismo: ello. 
Qué es todo lo que arremete al no
                                                       al gran no que es el sí único, 
                  sin condicional posible, 
que ahonda el cosmos de las impávidas estrellas – piensa ojos velados 
por la catarata, piensa 
frío, 
       frío que llega como luz de dios que arde con su palabra insignificante en el 
frío.
        No es un espejo la estrella?
                                                      Quién piensa eso? Qué cierre
la puerta ahora mismo! Debe sucumbir el párpado
al lapsus terrible – arena y fango, tiempo, espacio – de la pesadilla! 
                                                                                                             Debe sucumbir! 
Es necesario. 
                       Es necesario! 
                                               Del vómito emerge la música que nos suprime, 
como el mar es la noche 
que se traga al nadador que busca el faro de la luna 
sin ya estar. 
                     Al olvido por la abrasadura de la congelación extrema, 
voraz, 
           que no consigue cauterizar el sarcasmo y sobre el que no se yergue
un hombre - brama una bestia. 
                                                  Es necesario! 
                                                                          Es necesario! 
Para salir de la tumba del saber! 
Para huir de la verdad inútil de saber! 
                                                             Caer! 
                                                                          El dolor es un rápido en el río? 
Quién dice eso? 
Quién dice eso? 
                           Escucha:
                                           El dolor es un rápido en el río. 
Los rostros de los hombres desfigurados – máscaras horrendas 
de mí mismo - inquieren como teléfonos en casas vacías, 
al mismo tiempo
                            de la pared, 
                                                 al otro lado 
estoy yo – oreja pegada al gotelé del insomnio - preg
untando: 
           basta, 
                     basta,
                                deja de llamarte! 
                                                            No es un espejo una estrella?
Repite el hombre que siempre está muerto al lado del tesoro
que repite
                  la verdad guarda un hombre muerto 
en el nombre de las cosas donde la luz de una estrella es fría.










GALENDE (POEMA-RÍO 2009)

I

Largos trazos de pavesa verticales
                                                        listaban el silencio
que era sonar de un bronce
llamado agua, de un verde
lento, un aceite frío que había
recogido las palabras del pueblo
rondándolas sin frase, corazón abajo

como un último palacio de cristal

aquel tú y yo, a la par, con sus tramos
de nudosidad y de calenda
de desazón pura, como araña
a la que llamaban mano por la mesa, frente
sobre la mano, entresién y entredientes

agudos como siempres de pino

a horcajadas, el abrazo a sí mismo.

                               Abierta la boca, la tumefacción
del grito, el grumo hacia dentro
la vida, en su cuajo preciso
de imagen, el rostro que hierve
cuando lo niega

el frío de un cuchillo en la carne de llegará
lento y espeso vino
el negro nombre, garganta abajo
por los relentes.

                            Una y otra vez, amachambrado,
lo dorado en círculo de inferno no es sino
rosca de Alighieri una y otra
y otra vez el lento,
espeso vino, con la bies más negra
rebosa en el tacto,
sigue bajo lengua, diciendo lo que viene

aparta de ti tu rostro, con las manos


II


Desde la corrupción del rocío
también llega el despertar,
lentos fragmentos se arrebujan
en la o inmóvil de la boca;
tierra de nadie las yemas
temblor de un pájaro que desaparece
en la restitución
                             frío–
                             mesa–
blanco y azul crudos. La tersura
del brazo y el relieve de vena –reconoces,
las formas retornan.

Se discierne en la criba la pepita de azufre de un dolor

La flauta de espina dorsal, tras el grito de Pan
suena

con tu

nomen


III

Qué están rompiendo los pasos –con cuidado
seguimos el acero de la barra
en la horizontal que dicta el río
que pasa bajo las puentes arrostrando

pequeñas sombras vivas.

Hay un dictado entre las dos bocas –“No”,
“Si”, “Luego” “Por la tarde”: no acogen
palabras sino limadura en el frío,
goznes que se afanan en lo entumecido de algo

que se ha dicho otra vez,

Que se tendrá que volver a decir

                                                       Seguimos algo más –paramos, como sordos
por la brevedad del quebrar
multiplicado –el frío entonces cintas
de cristal en derredor nuestro –el agua
dura torna en ciertos tramos –retenida en el junquero*,
por ejemplo, piedra en el aparte –espejo
alrededor de la piedra
                                    más dura que nosotros
que somos sólo ojos
entre ramas que mugen lo que cuentan.

Por un momento pienso y sé que piensas
 
                                                                           –Atrapados